Muchos pueblos han nacido a raíz del camino. En la mayoría la flecha amarilla que indica la dirección a seguir pasa por las calles mayores o principales de los pueblos, y siempre por delante de las iglesias, ermitas, refugios… que dan y daban servicios al peregrino de ayer y de hoy.
Estas sendas que se pierden en el tiempo, hay que realizarlas una vez en la vida, de principio a fin, para sumergirse plenamente en el misterio del camino y dejar que los días, las lluvias, el soplo del viento… vayan modelando el alma y el cuerpo, como la arcilla en las manos de un artesano.
Este fluir constante de hombres con condición social y orígenes geográficos distintos a lo largo de los siglos ha supuesto un enriquecimiento cultural y artístico: iglesias, monasterios, ermitas y hospitales, muchos de los cuales perduran en la actualidad.
Existe diversidad de motivaciones, unos por profundo sentido religioso o penitencial, otros por experiencia vital o con ánimo de cultura o deporte; sea cual sea siempre hay una motivación común: la necesidad de apartarse de la vida cotidiana y darse un tiempo y un espacio para reflexionar. |